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 Recopilación realizada por José Alonso Pascual en el año 1987.

       

                                      El crimen de Santa Amalia.- Constantino, Constantino.- El crimen de Peñaparda.- El crimen de Martiago.La muerte de socorrito.-  

  El crimen de Santa Amalia.

En santa Amalia vivía

una joven guapa

como una flor,

que hacia tres años

la pobre niña, 

sin padre y madre,

sola quedó;

sin mas amparo

que el de un hermano

que era un infante

sin corazón.

  Ella solita se mantenía

cosiendo ropa

para Madrid,

y el mal hermano

le malgastaba

lo que ganaba

con su labor.

  Un día le dijo:

sabrás hermana

del corazón

que tus labores

me tienen loco

y tu marido 

quiero ser yo.

  Y ella contesta 

muy enfadada

y con cara 

de mal humor:

  Antes prefiero

morir mil veces

que consentir

manchar mi honor.

  Hermana mía,

te doy la muerte,

lo mas doliente

del corazón;

cogió un cuchillo,

la hizo pedazos,

se fue a una viña

y la sepulto.

  A los tres días

quiso la virgen

que al pronto saltara el mal,

quiso que todo

se descrubiera

porque pagara 

tanta crueldad.

  Los perros fueron

y la sacaron

porque olieron 

el mal olor;

y un hombre al velos,

se fue a la viña,

y al ver la niña

tembló de horror.

 

Constantino, Constantino

 

 Constantiu va la fragua

a la fragua del jerreru

que le prepari una lesna

con gûena punta de aceru.

  La lesna esta prepará

y el jerreru se la dio

y al prau de navasardinas

Costantinu se marcho

  Se encuentra con Primitiva

Constantinu,¿aondi vas?

A matalti, Primitiva,

si es que no me quieres mas.

 Primitiva le respondi

con palabras amorosas:

"no me matis, Constatinu,

que prontu sere tu esposa."

  "Mi esposa tu no lo eris,

ni tampocu lo seras;

con esta lesna de aceru

yo te tengu que matal."

  Desenvainandu la lesna

treinta puñalas le dio

y el cuerpu de Primitiva

dandu vuelcus se queó.

  A la puerta el cementeriu

han arreculau un carru

pa que viera Constatinu

tres palomas que ha matau.

  Constantinu escribe cartas

a su hermanu principal,

que venda la mejol vaca

y lo saque del penal.

  Y su hermanu le contesta:

no te poemus sacal

porque toas nuestras vacas

naidi las quierei compral.

  Constantinu escribi cartas

al señol gobernaol,

que lo saque del presidiu,

y le den mediu millon.

  Constantinu escribi cartas

a su hermanu Juan Franciscu,

que venda el prau de la Ermita

y lo saque del presidiu.

  Consatantinu escribe cartas

a los mozus del lugal,

que vendan el mejol toru

y lo saquen del penal.

  Y los mozus le contestan:

"No te poemus sacal,

matastis a tres palomas,

las que tienis que pagal;

la primera, Mari Nievis,

la segunda, Ludivina,

y as veniu a teminal

con la provi Primitiva.

  te juistis pa los Linaris,

pa en casa de tia Genara,

y te has veníu a cogel

en el corral de las cabras.

  Constantinu, constantinu,

verguenza ta habia de dal,

dejal moril a tu madri

de una corta enfermedá."

 

El crimen de Peñaparda

 

  En el pueblo de Peñaparda,

provincia de Salamanca

ha ocurrido un suceso

que aterroriza y espanta.

  Estando Isabel en el baile

y cuando ella bailaba

no se a querido mudar

aquella que el adoraba.

  y ya entrada la noche,

la llamo por la ventana;

quería hablar con ella

y decir lo que pensaba.

  ¿ Es que me quieres matar?

Puedes hacer lo que quieras;

por la mañana a las cinco

a las vacas iré a buscar.

  El criminal que oyó esto

al prado se encaminaba

para estar allí esperando

pa cuando ella llegara.

  Cuando ella llego al prado,

el criminal se presenta;

ya estamos aquí los dos,

vamos a ajustar las cuentas.

  Yo a ti siempre te he querido,

pero ya ves que en mi casa

todos los días mis padres

me están consumiendo el alma.

  Si tus padres no me quieren,

de poco les va a valer;

que si pa mi no eres,

para otro no as de ser.

  Entonces el criminal

siete puñalas le dio,

quedándola tan muerta

que allí difunta quedó.

  Y con el mismo cuchillo

al pueblo se dirigió

a que el tío de la moza

tuviese la vengacion.

  Yo no te puedo matar,

solo en la cárcel meter,

y cumplir mi obligación

como es de proceder.

  Al poco rato los hermanos

en la cárcel se juntaban

"Sáquelo usted de la cárcel

que lo queremos matar."

  Pero el juez le contesta

que no lo puede entregar,

que ha de ser la justicia

la que lo ha de juzgar.

 

El crimen de Martiago

 

  En el pueblo de Martiago,

provincia de Salamanca

habitaba un labrador

de familia muy honrada.

  Esta tenía una hija

que Maria Jesús llamaban,

muy querida por sus padres

y de todos apreciada.

  El catorce de septiembre,

por ser día señalado

al baile de tamboril

en la plaza se han juntado.

  Maria Jesús en el baile

con toquilla de diez duros

todita madroñeada

estaba esperando turno.

  Como era tan bonita,

le tiraron el sombrero;

su novio le tiro el suyo

y no quiso recogerlo.

  Maria Jesús en el baile

y su madre en el balcón

meneando la cabeza

que le dijera que no.

  "A la salida del baile

te las tengo que cobrar,

te cortaré la cabeza

y la mano principal."

  "Ahora me marcharé

y tirar a un pozo prefiero."

"Si eso piensas hacer,

yo te mataré primero."

  Ella fue por una calle,

el por otra se adelanta,

solo por ver y saber

lo que a Maria le pasa.

  Tu a mi dime si me quieres

y no le temas a nada;

yo a ti siempre te he querido,

pero ya ves que en mi casa

todos los días de Dios

me están consumiendo el alma.

  Si tus padres no me quieren

de poco les va a valer;

que si para mi no eres,

para otro no has de ser.

  Tu tienes dieciséis años

y yo tengo dieciocho,

ya que no seas para mí,

tampoco será para otro.

  Tres tiros le disparó

y al pegarle los tres tiros

el revolver revolvió,

se lo ha tirado a la cara

y el ojo se lo sacó.

  Estando tío Estanislao

merendando en la taberna

le han venido a decir

que su hija estaba muerta.

  A la puerta del porquero

un charco de sangre había

donde mató Cipriano

aquella cara de ángel.

  Llamaron al criminal

por ver si la conocía.

"¡Pos no la he de conocer

si ha sido novia mía!"

 

La muerte de Socorrito

 

  Madre, yo estoy muy malita,

madre, me voy a morir,

deje usted entrar a Redondo

que se despida de mí.

  Y su madre le contesta

con mucha serenidad:

"te mueras o no te mueras,

Redondo aquí no ha de entrar.

  Ay, qué padre tan cruel,

ay, que madre tan ingrata,

que antes de morir su hija

le están haciendo la caja.

  La tapa era de cristal

y los bordes de madera,

que la hizo Cipriano

pa que redondo la viera.

  Ya se murió Socorrito,

la de los ojitos negros,

la que le quitó a Redondo

muchas horitas de sueño.

  Ya se murió socorrito,

ya le llevan a enterrar,

de cabecera le llevan

la capa de torear.

  Redondo viste de luto,

las hermanas de morado,

acompañando a socorro

hasta el mismo camposanto.

  Socorro en el camposanto,

Redondo en la carretera,

llorando a voces decía:

¡Adiós, Socorro, Adiós prenda!